martes, 18 de noviembre de 2014

La extorsión; un flagelo que nos carcome

Tomado de pulzo.com

Hace algunos días vi en el muro del Facebook de uno de los amigos míos, una publicación en la cual se quejaba porque al dejar su carro unos minutos en una calle le cobraron una extorsión

En casi todos los barrios de Medellín, la famosa “vacuna” es el pan de todos los días. Las bandas delincuenciales que operan en la ciudad le cobran a todo el mundo “la colaboración”. Nadie se salva de pagar esos impuestos. Son tan organizados quienes realizan las extorciones que tienen sus días y sus horas para pasar por los locales comerciales, las viviendas y hasta por pequeñas chazas a cobrar la “de ellos”. 

El problema de la extorsión es el temor que genera en todas las personas y la falta de denuncia que hay a raíz de ese miedo. Porque desconocimiento no hay, los extorsionistas son conocidos por todo el mundo en el barrio y en las calles, a plena luz del día se suben a los buses para cobrar la vacuna. La misma policía debe de estar enterada de la situación pero no deben realizar capturas porque tendrían que liberar inmediatamente a los delincuentes por la falta de denuncia.

Las “vacunas” son un mercado que mueve billones de pesos al año, mientras en el Congreso de la República debaten una nueva Reforma Tributaria para aumentar los impuestos, deberían discutir cómo acabar con el flagelo de la extorsión y así hacer que los pequeños negocios aumenten su crecimiento y puedan generar más empleo que contribuya con el mejoramiento de la calidad de vida de muchas más personas que a la larga podrían pagar impuestos con el dinero honrado de su trabajo.

La situación no parece que fuera a cambiar muy rápido; más fácil nos tendremos que acostumbrar a que cada día seamos más los afectados por las extorsiones, que a ver un Estado comprometido con la erradicación de éste fenómeno delincuencial. El tema es un círculo vicioso: la gente no denuncia porque la policía no captura a los extorsionistas y la policía dice que no hace capturas porque no hay denuncias.

Pero lo más raro no es que los extorsionistas no estén en la cárcel, lo más triste y paradójico es que desde las mismas penitenciarias realicen llamadas extorsivas con el fin de ganar dinero: realizan llamadas haciéndose pasar por miembros de la policía que tienen retenidos a un familiar por porte ilegal de armas o por cualquier otro delito. Lo primero que hacen es decirle a la victima que no le cuente a la familia más cercana del presunto retenido, de ahí exigen que hagan una recarga al número de celular del cual están llamando “para estar en contacto” ya que el celular del retenido lo tienen incautado. Para poder consumar su extorsión, amenazan a la víctima con enviar a la cárcel al familiar sino pagan lo más pronto posible la suma de dinero que ellos exigen, en su mayoría son montos de 600 mil a un millón de pesos.  Para que el drama se haga más real, durante la llamada, los cómplices del supuesto policía están todo el tiempo haciendo fono mímica para aparentar conversaciones por radio y acosando a su “teniente” para que se lleven al delincuente retenido para la cárcel.

En la mayoría de esos casos los sujetos que realizan las llamadas están internos en las cárceles máxima seguridad que hay en Colombia, donde al parecer, es muy sencillo ingresar un teléfono celular y es muy difícil conseguir un aparato que bloque todo tipo de comunicaciones a través de los teléfono móviles


Después de todo lo único que quedan son preguntas: ¿Cuándo se creara una política antiextorsión que verdaderamente acabe con ese flagelo? ¿Será que la Policía, la Fiscalía no se da cuenta que en casi todos los locales comerciales de Medellín se paga vacuna? ¿Será que algunos miembros de la Policía en algunos barrios son cómplices de los extorsionistas?

lunes, 10 de noviembre de 2014

ESPECIAL JAIME GARZON SEÑAL COLOMBIA 25 OCTUBRE 2014





Muy bueno éste especial, vale la pena verlo.

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