Dejó todas las comodidades que tenía en Estados Unidos: un buen apartamento, un buen salario, la posibilidad de viajar alrededor del mundo. Juan Pablo Barrientos regresó hace tres meses de Washington con la idea de hacerse concejal por el Partido Verde, según él, para trabajar porque Medellín sea una ciudad de oportunidades para todos.
Nació hace 28 años en Medellín, 21 de ellos los vivió en La Sierra, en el oriente de la ciudad. Cuando era pequeño fue dejado al cuidado de una familia, que le dio lo poco que pudo para que saliera adelante. Reconoce que en este barrio estigmatizado, pobre y sin presencia del Estado era muy difícil progresar. Este comunicador social viajó hace 7 años a Washington, allí realizó su maestría en Estudios Latinoamericanos y Gobierno en la universidad de Georgetown y fue corresponsal del periódico El Mundo, del Canal RCN y la FM.
Tiene tres propuestas para los medellinenses: educación hacia la competitividad con calidad, diversificación de la agenda cultural y el ciclismo como medio de transporte.
Mis Notas Periodísticas: ¿Cómo hace un joven de La Sierra para salir adelante, teniendo en cuenta que es un barrio estigmatizado?
Juan Pablo Barrientos: Esa es una pregunta que todavía yo me sigo haciendo. La Sierra como, como muchos otros barrios de Medellín, ha sido abandonado completamente por el Estado, ahora es que hay presencia estatal. En mi tiempo, el ejemplo que yo tenía era pelaos con un arma en la mano matando por mil o dos mil pesos o simplemente sumergidos en las drogas. Yo pensaba que no era culpa de ellos porque tenía una vía de acceso, no se podía salir, porque si salía lo mataban a uno los del barrio de abajo porque se mantenían en guerra. La Sierra era una cárcel donde no había nada, al menos en Bellavista hay educación, allá a uno le tocaba sobrevivir como fuera y las únicas oportunidades que había era dar bala.
Cuando terminé quinto en la escuelita del barrio, mi familia me dijo que ya no había para más porque el colegio donde podía hacer el bachillerato quedaba en el barrio de abajo y, si pasaba, me mataban. Entonces tomé la decisión de trabajar por mi cuenta para presentarme al Inem. Empecé a ver otra Medellín, la que no podíamos ver desde La Sierra porque de allá no salíamos sino cada ocho días en el bus del entierro o cuando iba con la mamá a La Minorista a mercar. En el Inem conocí la Medellín de oportunidades, donde se podía estudiar y salir adelante.
M.N.P: ¿Como contribuyó tu formación académica para salir adelante?
J.P.B: Mi formación no contribuyó, yo digo que la educación fue para mí salvación (…) yo veía una herramienta para salir adelante, para resolver mis necesidades insatisfechas. Yo creo que la apuesta por la educación que han tenido los gobiernos de Medellín, en el futuro nos van a servir para librarnos de muchos males.
A través de la educación pude ver qué había fuera de mi barrio, qué había fuera de Medellín y no solo eso, también vi qué había fuera de Colombia. La educación fue mi tabla de salvación, de ahí me aferré para decirle a mi familia y a mis amigos: sí se puede.
M.N.P: ¿Cómo te reciben hoy en La Sierra?
J.P.B. Es algo muy bonito, la gente en ese barrio es hermosa, inclusive los jóvenes que están metidos en malos pasos, a los cuales yo no culpo, le preguntan a uno, ¿usted como lo hizo? y no sé como animarlos.
Pero me preocupa lo que me dicen los jóvenes más sanos porque ellos ven que los “malos” están mejor que ellos. Yo les animó diciendo que sí se puede salir adelante, trato de no ponerme como ejemplo, pero les digo que ser “buenos” a la larga es mejor (…) lo ven a uno como un ejemplo a seguir y eso es muy bacano.
M.N.P: Cuáles eran sus sueños de niño?
J.P.B: Cuando yo era pequeñito tenía dos sueños: o ser árbitro de fútbol o bombero, no sé por qué. Cuando entré al colegio, en sexto fue mi primera campaña política para ser representante de los 28 grupos, de ahí todos los años fui representante en todos los grados y en 11 fui elegido personero con muy alta votación. En el colegio fue donde me empecé a ver como político, peleaba por nuestros derechos pero con argumentos. Política es hacer el bien y si uno se apega a esa definición se pueden hacer cosas muy buenas por la gente.
Cuando viajé a Estados Unidos, vi una oportunidad única de aprender cosas nuevas y cuando me metí en los medios tenía accesos a muchas fuentes y esa fue la mejor formación. Hice mi maestría, quería hacer mi doctorado pero pensé que si me quedaba más tiempo era un suicidio político y por eso tomé la decisión de venirme y empezar desde abajo con mi campaña al Concejo.