El 5 de agosto un derrumbe en uno de los túneles de la mina San José, en el desierto de Atacama, cerca a la ciudad de Copiapo en Chile, sur del continente, sepultó a 33 mineros. Los primeros días la incertidumbre era total, no se sabía si estaban con vida. Se especulaba que estaban cerca de un refugio y que en ese lugar podrían sobrevivir. Las labores de rescate avanzaban y fracasaban pues no era posible escavar el gran derrumbe. Toda la atención de los medios de comunicación y de los dirigentes del país austral se centró en el rescate de los 33 hombres que estaban bajo tierra en esta mina. El presidente Sebatian Piñeras se devolvió de Colombia a donde había llegado para la posesión del presidente Juan Manuel Santos, no asistió al evento por darle prioridad a la situación de su país.
El siniestro ocurrió a las 2 de la tarde de ese jueves pero solo hasta las 7 de la noche las autoridades de la mina dieron aviso a los organismos de rescate, porque, según Pedro Sumninovic, gerente de la mina, ese fue el tiempo que tardaron en comprobar que efectivamente se había producido el derrumbe en uno de los niveles de la mina.
Desde el momento en que las autoridades de la mina se dieron cuenta que efectivamente había ocurrido un derrumbe, las labores de rescate no han cesado. Los hospitales y los centros de salud de Copiapó se declararon en alerta máxima en espera de los mineros que posiblemente serían llevados a esos lugares. Los familiares que paulatinamente se fueron enterando del percance también se empezaron a acercar tanto a la mina como a los centros hospitalarios. Algunos familiares pasaron la noche en éstos últimos sin ver llegar a nadie, en la mañana siguiente se fueron para la mina. Los dueños de la mina adecuaron un campamento para los más de 250 familiares de los mineros que en los primeros tres días habían llegado, le dieron por nombre Nueva Esperanza.
Los medios de comunicación también centraron su atención en aquel lugar esperando el desenlace de la historia. Familiares, dueños de la mina, autoridades locales y nacionales y por supuesto los medios de comunicación esperaban que encontraran a los mineros con vida y que su rescate fuera pronto.
Los primeros días todo era incertidumbre, los equipos de rescate avanzaban sin lograr llegar a los mineros y la angustia de los familiares aumentaba. Se empezaban a conocer historias como la del minero boliviano Carlos Mamani Solis, quien entró por primera vez ese día en la mina y le tocó la tragedia o la de Raúl Enrique Bustos quien llevaba dos meses trabajando en la mina pero esa era la primera vez que entraba también a los socavones.
Los días fueron pasando y de fracaso en fracaso una sonda llegó hasta donde estaban los mineros, en una profundidad de setecientos metros. El día 22 de agosto el operario de la sonda se dio cuenta que había tocado fondo, así que puso cuidado y escuchó que golpeaban la sonda, pensó que era sugestión así que golpeo con un martillo y nuevamente escuchó los golpes desde abajo. El rumor corrió inmediatamente por el campamento, los familiares empezaron a abrazarse y a dar gritos de milagro, milagro. Después de 17 días sin tener contacto con los mineros por fín ese momento había llegado. Aún había que esperas seis horas más, tiempo que se tardaba en sacar la sonda. La sonda salió y en ella los mensajes pegados en bolsa a la punta de la sonda. Uno de ellos fue emblemático y será muy pronto pieza de museo. Ese mensaje decía “estamos bien en el refugio los 33”. Lo mostró el presidente Piñeras en improvisada rueda de prensa.
Desde ese momento en que se tomó contacto con los mineros no se han escatimado esfuerzos por traerlos nuevamente a la superficie. Pero el rescate será un proceso largo según lo han dicho las autoridades encabezadas por el ministro de salud de Chile, no durará menos de 3 o 4 meses. Ese operativo será muy complicado púes será el primero que se haga de este tipo en toda la historia de la minería en el mundo, según han declarado las autoridades. Se trata de hacer un sondaje con una maquina especial para poder rescatar uno a uno a los mineros.
Los mineros ya están enterados del tiempo que tardarán en rescatarlos, pues aunque los medios de comunicación de Colombia dicen que aún ellos no saben, en una carta de uno de los mineros a su esposa, publicada en uno de los diarios locales de Copiapó, se da a entender que ellos si piensan que demoraran mucho en sacarlos. Pero aún así los mineros tienen mucho entusiasmo y muchas ganas de salir, así lo has expresado en las comunicaciones que desde entonces se han dado.
El operativo ahora se centra en tener a todos los mineros muy bien de salud, para ello les mandan medicamentos y alimentos a través de las sondas. También se les suministrará juegos para que se diviertan en sus ratos libres, la idea es tenerlos ocupados a todas horas para evitar la depresión. También les enviaran reproductores de música y un video ben para que puedan ver películas de futbol que ya han solicitado los mineros.
El operativo de rescate costará alrededor de diez millones de dólares según se ha informado, pero el gobierno ha dicho que no escatimará esfuerzos para traerlos de regreso antes de noche buena. La empresa dueña de la mina ya se ha declarado en bancarrota y las autoridades están investigándola por sus posibles responsabilidades en el accidente.
La comunicación entre los mineros y sus familiares ahora será más fácil, pues los equipos de rescate han introducido una línea telefónica por la que ellos podrán tener un contacto permanente con sus allegados y también con los médicos que les darán instrucciones sobre su larga estadía en el refugio.
Los medios de comunicacion chilenos y del mundo entero continuán informando desde el campamento Nueva Esperanza, así lo haran hasta que los 33 mineros vean por fin la luz del sol.
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